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La doble cara del compromiso

El compromiso es considerado como uno de los valores clave en la práctica deportiva. Todos los entrenadores quisieran tener en sus equipos jugadores comprometidos sin condiciones. El compromiso de los deportistas menores de edad (hasta juniors, en baloncesto) pertenece a los padres, salvo excepciones. Solo cuando alcanzamos la mayoría de edad tenemos la obligación de hacer ver al jugador que, por fin, se ha de hacer responsable de su propio proceso formativo. Éste ha de ser ahora su nuevo y gran compromiso. Son, creo, los años más difíciles, porque no están acostumbrados a coger las riendas de su propia vida - deportiva en este caso. Lo son también porque a muchos les han inculcado, sin que se den cuenta y al haber tenido que trabajar con técnicos no demasiado competentes, un sentimiento de fracaso porque a los 18 no han sabido alcanzar el gran nivel de competición que se esperaba de ellos.
Entonces, ¿por qué seguir entrenando duro si no puedo jugar en alta competición? ¿Por qué seguir entrenando individualmente si me dicen que ya no puedo mejorar mi técnica?
Sin embargo, aquel jugador que es capaz de responsabilizarse de su propia formación, convencerse de que ésta aún ha de prolongarse cuatro o cinco años, y seguir trabajando - sobre todo por el placer que encuentra en aquello que hace - podrá llegar hasta donde se proponga.
Responsabilizarse de la propia formación significa tener claro que no basta con los entrenamientos de equipo que su club le puede proporcionar, que ha conseguir alguien que sea capaz de orientarle y trabajar con él de forma individual, que tiene que "autoentrenarse" para seguir mejorando y que debe controlar otros muchos aspectos de su vida - la alimentación, los descansos, el trabajo físico, etc.- para alcanzar su propio "alto rendimiento".
Para alcanzar nuestro máximo nivel no hay otro secreto que trabajar mucho y trabajar del modo adecuado a cada circunstancia.
La "doble cara del compromiso" se refiere a los clubs, y muy especialmente a los entrenadores. Si queremos y hasta exigimos jugadores comprometidos, hemos de ser capaces de pagar con la misma moneda. Es decir, no tan solo trabajar con aquellos que parece que tienen un excelente porvenir, sino sobre todo con aquellos que, a pesar de sus momentáneas carencias técnicas o físicas - para entendernos mejor aquellos que no suelen hacernos ganar los partidos -, son capaces de mostrar excelentes niveles de compromiso y esfuerzo.
¿Cuántos de nosotros somos capaces de seguir trabajando unos años más con jugadores que a los 18 no han llegado a ser lo que nuestra imaginación creyó? Vale la pena intentarlo, al mismo tiempo que les ayudamos a que acepten la responsabilidad de su propia formación.
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Jugar entre amigos


Cuando hace unos años decidí dedicarme de pleno al baloncesto, al baloncesto de formación, en clubs no profesionales, sabia que no iba a ser fácil… salir adelante. La mayoría de las temporadas he tenido que repartir el trabajo en varias entidades. Sin embargo, lejos de ser un problema, ha sido una fuente de experiencias mucho más rica e intensa. Y más veces de las que yo creía, he tenido que compartir competiciones con jugadores de los dos clubs con los que entreno en la actualidad o he entrenado recientemente. Este pasado fin de semana ha sido una de estas ocasiones. Baloncesto entre amigos.

[Foto: Sergi Capellas]
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Construir un equipo

La Real Academia de la Lengua Española define un equipo como un grupo de personas organizado para una investigación o servicio determinado. También, y refiriéndose a ciertos deportes, cada uno de los grupos que se disputan el triunfo. Suponemos, pues, que cuando un equipo pierde por muchos puntos en la media parte, y sin opción lógica al triunfo, deja de ser un equipo. Otros definen un equipo como un grupo de gente que practican juntos un deporte.

Como entrenadores, quizás deberíamos profundizar algo más. Bozidar Maljkovic decía que puede construir un equipo en defensa en tan solo 4 meses. Para construirlo en ataque necesita 4 años. Decía esto cuando entrenaba en la antigua Yugoslavia. Allí cualquier equipo entrena dos veces al día. No sé cuanto podemos tardar nosotros en construir un "auténtico" equipo de baloncesto.

La reflexión viene porque muchos clubs en la esperanza de mantener una categoría determinada (senior, junior, cadete) renuevan constantemente sus equipos. De un año de junior a otro, por ejemplo, quedan pocos jugadores - a veces ninguno - que hayan jugado juntos alguna vez. Difícil, como hemos visto, construir un equipo en un año. Quizás este grupo de jugadores gane muchos partidos, gracias al poderío físico o técnico de alguno de sus componentes. Sin embargo, de ahí a jugar bien a baloncesto, o simplemente jugar como un equipo, hay un buen trecho. Los partidos suelen convertirse en un conjunto de acciones aisladas en las que pocas veces intervienen más de 2 o 3 jugadores. Sí, el equipo gana y el club mantiene la categoría, pero los jugadores poco baloncesto aprenden.

Para construir un verdadero equipo se necesita mucho más. Primero, tiempo. Segundo, paciencia. Después, ir adecuando y mejorando los niveles de compromiso, solidaridad y esfuerzo. Los jugadores necesitan jugar juntos muchísimas veces para irse conociendo en el juego, para saber los hábitos técnicos de los compañeros y poder sacarle el máximo provecho al entrenamiento y a la competición, dentro del nivel más adecuado y sin perder nunca de vista que el objetivo básico ha de ser que el jugador - y por tanto el equipo - vaya mejorando.
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Campus y formación



En las temporadas suele haber buenos y malos momentos. El baloncesto se alterna con los estudios, el trabajo, la familia... No suele llenar por completo nuestra vida, aunque seamos unos locos de este deporte. Los campus de verano - los auténticos, los de solo baloncesto - son distintos. Ahí sí el baloncesto llena todos los huecos y se vive en toda su esencia. Son pocos días, pero intensos. De trabajo duro, de amistades profundas, de dolor físico, de sensaciones que las palabras son incapaces de describir, de diálogo relajado, de amor por este deporte y todo lo que trae consigo. Aprendizaje puro. Para todos, entrenadores y jugadores.
Los Campus son parte - imprescindible - de todo buen amante de este deporte, con ganas de mejorar sin pausa. El baloncesto se convierte aquí, siguiendo a James P. Carse, en un juego infinito cuyo único objetivo es seguir jugando...
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Privilegio

Privilegio.
(del latín,
Privilegium)

Exención de una obligación o VENTAJA EXCLUSIVA O ESPECIAL QUE GOZA ALGUIEN por concesión de un superior o por DETERMINADA CIRCUNSTANCIA PROPIA.


Privilegio from BaskeTV on Vimeo.

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¿Siguen existiendo clubs de baloncesto?

Por supuesto que sí, aunque quizás cada vez quedan menos, en el sentido clásico de la palabra. Cada vez hay más jugadores que en vez de jugar en Clubs juegan en Categorías. Es habitual oír como comentan “yo juego en Preferente o en Liga EBA” o en el nivel que sea. Si al año siguiente, pongamos por ejemplo, un jugador pasa de junior a senior y su Club no tiene una categoría “adecuada” para él, se cambia de Club y asunto terminado.

¿Se preguntan hoy en día los jugadores si vale la pena confiar en un proyecto de club y quedarse unas cuantas temporadas, aunque el nivel de la competición no sea en apariencia muy alto? ¿Se preguntan si a lo mejor vale más la pena jugar - cuando realmente lo hacen - un par de niveles más abajo pero confiar en lo que puedan aprender de técnicos más experimentados y preparados para formar jugadores? ¿No saben que, la mayoría de veces, si el nivel en que juega su equipo no es demasiado fuerte para sus cualidades técnicas o físicas, pueden “doblar” en el equipo superior y ganar más experiencia que en otros niveles de su propia edad? ¿No saben que lo que realmente marca el nivel de un equipo no es la categoría donde juega sino la calidad humana de todos sus componentes?

Finalmente, ¿Cuando van a dejar muchos clubs de ser una lista de categorías lo más alta posible con el objetivo de reclutar jugadores, para dedicar sus esfuerzos a construir proyectos serios de formación?
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El base

No hace mucho hubo un cierto debate a través del portal de la FEB sobre la figura del base. Existe un cierta preocupación sobre el hecho de que no salen buenos directores de juego y se planteaba cuáles pueden ser las causas y cómo pueden llegar a formarse estas piezas clave en la composición de un equipo. Hace unos días hablando con uno de los seleccionadores catalanes me mostraba también una preocupación similar.
El por qué no salen buenos bases es un tema complejo y no obedece a una sola causa, pero está claro que las soluciones hay que buscarlas en el trabajo que se está haciendo en la formación en general.
El baloncesto es un juego creativo y creativa ha de ser, por tanto, la labor del jugador que tiene a su cargo la dirección del equipo y la interpretación del juego. Sin embargo, la intervención de los entrenadores suele ser cada vez mayor con lo que se ve reducida y diría que casi anulada la creatividad que pueda tener el jugador en cuestión. Se suele decir - y en los artículos de la FEB es opinión mayoritaria - que el base ha se ser la extensión del entrenador en la pista. Yo opino exactamente lo contrario: EL ENTRENADOR HA DE SER LA EXTENSIÓN DEL BASE EN EL BANQUILLO. Soy yo el que se tiene que adaptar a la manera de ver el juego de los bases de mi equipo, fomentando aquellos conceptos que dominan y ayudándoles en sus carencias y errores a potenciar su creatividad al servicio del conjunto e incrementarla a través del entrenamiento diario. Son siempre los jugadores los que crean baloncesto.
Juan Antonio Corbalán, uno de los mejores bases europeos de siempre, nos dice que "... la tarea del entrenador empieza por enseñar a leer el juego, suponiendo que ser entrenador te dé esa capacidad. A veces los jugadores son fundamentales porque los entrenadores no tienen porque entender lo que está pasando". Muchas veces nuestra incapacidad como entrenadores en leer el juego, hace que intentemos imponer a los jugadores (sobre todo al base) criterios que en vez de ayudarles les desconciertan cada vez más e impiden el desarrollo adecuado de su creatividad, de su potencial.
Pocos equipos juegan con un auténtico base (siempre en función de las características que deberían corresponder a cada edad). Se suele jugar con un "1". Simplemente un jugador que se limita a bajar el balón sin perderlo (suele tener casi siempre excesiva habilidad con el bote) para pasarlo a uno de los dos aleros, y poca cosa más. Sí, también son capaces de anotar con frecuencia jugando 1c1. Sin embargo, este tipo de jugadores no son bases en sentido estricto porque no dirigen, ni saben ver que es lo que le conviene al equipo en cada situación, ni donde están las posibles ventajas para poder explotarlas. De modo que una cosa es jugar de "1" y otra bien distinta hacerlo de "base". Los americanos utilizan la expresión "point guard". Tiene connotaciones defensivas pero no de creatividad. Me gustaba más la expresión que se utilizaba antes - por lo menos eso creo - de "play maker", o constructor de juego, expresión más acorde con la función asignada de ser creativo. Los franceses usan una palabra más expresiva como "meneur" o persona que conduce el juego.
Desde mi punto de vista, pues, una de las primeras causas de que no salgan los directores de juego que tendrían que salir es por un exceso de intervención de los entrenadores, que intentamos imponer siempre nuestro punto de vista del juego por encima del de los jugadores, que es el que debe prevalecer. Corbalán apunta también que “... se ha diluido la figura del base porque los ENTRENADORES SON MÁS CONTROLADORES Y SU PAPEL ES MENOS FORMATIVO, pero un base bien formado por un buen entrenador suele generar MÁS CAPACIDAD DE ANÁLISIS QUE EL PROPIO ENTRENADOR, PORQUE ESTÁ DENTRO DE LA TAREA”. También Phil Jackson (1) nos dice que “a menudo, los jugadores manejan mejor los problemas que el cuerpo de entrenadores porque están en el centro de la acción y captan intuitivamente los puntos fuertes y débiles de los oponentes”. Cuánta razón hay en todas estas palabras. Si queremos producir no solo buenos bases sino también buenos jugadores en general, hemos de replantearnos seriamente nuestro papel como entrenadores - formadores - y modificar sustancialmente nuestra forma de entrenar y nuestra relación con el jugador. Volviendo al asunto del director de juego, el entrenador, insisto, tendría que ser la extensión del base en el banco, y no al revés como se suele proponer.

(1) Phil Jackson,
Canastas Sagradas. Ed. Paidotribo, Barcelona 2002
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Jugar por el placer de jugar

Vincent Lombardi, el conocido entrenador de fútbol americano, sostenía que “Ganar no es lo más importante, es lo único que cuenta”. Nunca he estado de acuerdo con esta opinión. Creo, especialmente mientras estamos formando jugadores, que hay que jugar por el puro placer de jugar, porque nos gusta hacer lo que hacemos, por divertirnos mientras desarrollamos esta actividad, y por querer mejorar en cada entrenamiento y en cada partido. Lombardi no admite termino medio; o se gana o se pierde. Sería como querer observar una fotografía del genial Ansel Adams fijándose solamente en los blancos y los negros, pasando por alto la infinita cantidad y la calidad de los matices que el color gris nos proporciona. La filosofía de “ganar es lo único que cuenta” nos aporta cada vez más partidos con un deficiente nivel de juego, jugadores excesivamente ansiosos y estresados, y entrenadores malhumorados al borde del ataque de nervios cada vez que ven que los jugadores no hacen las cosas como ellos pretenden.
Se está perdiendo el placer de jugar por jugar y por mejorar sin prisas. Hace unos días en un encuentro de la liga ACB se enfrentaron Unicaja y Real Madrid. Justo durante esa misma semana Jorge Garbajosa pasaba de jugar en el Madrid a hacerlo en el Unicaja. El emocionante final del partido nos ofreció un triple desde 8 metros de Prigioni - tras recibir un tapón de su ex-compañero - que ponía por delante al Madrid, otro a continuación de Garbajosa que daba ventaja a Unicaja, otro más de de Prigioni, y el último de McIntyre que daba el partido a Unicaja. Todo ello en cuarenta y cinco segundos. Pero lo mejor, para mí, es la cara de Prigioni justo cuando Unicaja consigue el último triple. Sorpresa, incredulidad, relajación... hasta diría que “diversión” por las sensaciones experimentadas en tan poco lapso de tiempo. En ningún momento aparecen la rabia o el enfado. Creo que su cara refleja a alguien que se ha estado divirtiendo de lo lindo en un partido, que finalmente acaba perdiendo. Un jugador que en pocos segundos recibe un tapón, consigue dos triples y el jugador al que defiende mete otro que le quitará en un instante la victoria a su equipo.
Ganar no es lo único que cuenta. Es algo que puede llegar como consecuencia del trabajo que hacemos día a día. Por muy bueno que sea este trabajo, no podemos ganar siempre. El contrario también juega y puede ganar, porque también trabaja. No podemos asegurar que ganaremos siempre, pero sí podemos asegurar siempre que nos vamos a divertir si trabajamos con la filosofía y de la manera adecuada.
Ahí tenemos el vídeo del final del partido. A disfrutarlo.

unicaja madrid from BaskeTV on Vimeo.

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Sobre el aprendizaje

Son días difíciles en uno de los clubs donde entreno actualmente. Y por razones no deportivas. Las deportivas casi siempre lo son, en un sentido o en otro. En momentos así todo el mundo (directivos, entrenadores, jugadores, padres…) se ve afectado de una manera u otra. A nivel personal las situaciones de este tipo siempre me llevan a pensar sobre si estaré haciendo las cosas del modo correcto. Sin embargo, hay algo de lo que ya era consciente desde mucho tiempo atrás y que a lo largo de estos días he conseguido ver con mayor claridad.
El proceso del aprendizaje no es un línea recta que va en una sola dirección: entrenador - jugador. Es una circunferencia en la que entrenador y jugador se confunden una y otra vez en las acciones de aprendizaje. Ambos enseñan y aprenden. Dicho de otra manera, para poder influir (enseñar) sobre un jugador de forma adecuada he de haber sido capaz antes de aprender de él. Solo así podré transmitirle alguna cosa. En la medida en que sea capaz de seguir aprendiendo de mis jugadores seguiré siendo capaz de poder enseñar. Pero aún hay más: creo que difícilmente podré devolver a un jugador todo lo que éste me ha enseñado dentro y fuera de una pista de baloncesto. Este es el mayor reto como entrenador con el paso de los años. Ser capaz de devolver un pequeña parte de lo que has aprendido y recibido.
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Actitud

Actitud es una palabra que utilizamos frecuentemente los entrenadores. Solemos hablar de la actitud que tienen los jugadores de nuestro equipo en los entrenamientos y en los partidos. Cuando su actitud no encaja con nuestra manera de ver las cosas es cuando tenemos dificultades. El concepto "actitud" abarca multitud de significados. Kimball Young* la define como la tendencia o predisposición aprendida, más o menos generalizada y de tono afectivo, a responder de un modo bastante persistente y característico, con referencia a una situación, idea, valor, objeto o clase de objetos materiales, o a una persona o grupo de personas. Para Jeffress es la respuesta emocional y mental a las circunstancias de la vida.
Cada uno de nosotros tiene su propia idea del significado de la palabra actitud y todos quisiéramos que nuestros jugadores tuvieran siempre una determinada actitud en la manera de afrontar los entrenamientos y muy especialmente los partidos de competición. Aquí la actitud adecuada puede significar concentración, intensidad, espíritu de lucha, reacción ante el error o atención activa a las instrucciones del entrenador.
Sin embargo, como dicen que las imágenes valen más que las palabras, ahí va un clip de vídeo - del último enfrentamiento entre el Barça y del Madrid - sobre dos actitudes diametralmente opuestas en dos momentos del encuentro. El resultado final no solamente es el reflejo de la diferencia técnica y táctica en un determinado momento de la temporada sino, sobretodo, de las actitudes en cada instante del juego.
Ah, casi se me olvida. Las actitudes también se entrenan.

*Fuente (wikipedia)

Untitled from BaskeTV on Vimeo.

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