La doble cara del compromiso
16/10/11 17:06
El compromiso es considerado como uno de los valores clave en la práctica deportiva. Todos los entrenadores quisieran tener en sus equipos jugadores comprometidos sin condiciones. El compromiso de los deportistas menores de edad (hasta juniors, en baloncesto) pertenece a los padres, salvo excepciones. Solo cuando alcanzamos la mayoría de edad tenemos la obligación de hacer ver al jugador que, por fin, se ha de hacer responsable de su propio proceso formativo. Éste ha de ser ahora su nuevo y gran compromiso. Son, creo, los años más difíciles, porque no están acostumbrados a coger las riendas de su propia vida - deportiva en este caso. Lo son también porque a muchos les han inculcado, sin que se den cuenta y al haber tenido que trabajar con técnicos no demasiado competentes, un sentimiento de fracaso porque a los 18 no han sabido alcanzar el gran nivel de competición que se esperaba de ellos.
Entonces, ¿por qué seguir entrenando duro si no puedo jugar en alta competición? ¿Por qué seguir entrenando individualmente si me dicen que ya no puedo mejorar mi técnica?
Sin embargo, aquel jugador que es capaz de responsabilizarse de su propia formación, convencerse de que ésta aún ha de prolongarse cuatro o cinco años, y seguir trabajando - sobre todo por el placer que encuentra en aquello que hace - podrá llegar hasta donde se proponga.
Responsabilizarse de la propia formación significa tener claro que no basta con los entrenamientos de equipo que su club le puede proporcionar, que ha conseguir alguien que sea capaz de orientarle y trabajar con él de forma individual, que tiene que "autoentrenarse" para seguir mejorando y que debe controlar otros muchos aspectos de su vida - la alimentación, los descansos, el trabajo físico, etc.- para alcanzar su propio "alto rendimiento".
Para alcanzar nuestro máximo nivel no hay otro secreto que trabajar mucho y trabajar del modo adecuado a cada circunstancia.
La "doble cara del compromiso" se refiere a los clubs, y muy especialmente a los entrenadores. Si queremos y hasta exigimos jugadores comprometidos, hemos de ser capaces de pagar con la misma moneda. Es decir, no tan solo trabajar con aquellos que parece que tienen un excelente porvenir, sino sobre todo con aquellos que, a pesar de sus momentáneas carencias técnicas o físicas - para entendernos mejor aquellos que no suelen hacernos ganar los partidos -, son capaces de mostrar excelentes niveles de compromiso y esfuerzo.
¿Cuántos de nosotros somos capaces de seguir trabajando unos años más con jugadores que a los 18 no han llegado a ser lo que nuestra imaginación creyó? Vale la pena intentarlo, al mismo tiempo que les ayudamos a que acepten la responsabilidad de su propia formación.
Entonces, ¿por qué seguir entrenando duro si no puedo jugar en alta competición? ¿Por qué seguir entrenando individualmente si me dicen que ya no puedo mejorar mi técnica?
Sin embargo, aquel jugador que es capaz de responsabilizarse de su propia formación, convencerse de que ésta aún ha de prolongarse cuatro o cinco años, y seguir trabajando - sobre todo por el placer que encuentra en aquello que hace - podrá llegar hasta donde se proponga.
Responsabilizarse de la propia formación significa tener claro que no basta con los entrenamientos de equipo que su club le puede proporcionar, que ha conseguir alguien que sea capaz de orientarle y trabajar con él de forma individual, que tiene que "autoentrenarse" para seguir mejorando y que debe controlar otros muchos aspectos de su vida - la alimentación, los descansos, el trabajo físico, etc.- para alcanzar su propio "alto rendimiento".
Para alcanzar nuestro máximo nivel no hay otro secreto que trabajar mucho y trabajar del modo adecuado a cada circunstancia.
La "doble cara del compromiso" se refiere a los clubs, y muy especialmente a los entrenadores. Si queremos y hasta exigimos jugadores comprometidos, hemos de ser capaces de pagar con la misma moneda. Es decir, no tan solo trabajar con aquellos que parece que tienen un excelente porvenir, sino sobre todo con aquellos que, a pesar de sus momentáneas carencias técnicas o físicas - para entendernos mejor aquellos que no suelen hacernos ganar los partidos -, son capaces de mostrar excelentes niveles de compromiso y esfuerzo.
¿Cuántos de nosotros somos capaces de seguir trabajando unos años más con jugadores que a los 18 no han llegado a ser lo que nuestra imaginación creyó? Vale la pena intentarlo, al mismo tiempo que les ayudamos a que acepten la responsabilidad de su propia formación.
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